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Sonrisas Lejanas. Capítulo 3: Un nuevo mundo


Una semana había transcurrido desde la llegada de Lucía, Juancho y Greñas a la ciudad. Sus jóvenes pies los guiaron intuitivamente hasta una de las zonas más populosas: Hoteles, centros comerciales, restaurantes, un bulevar, que les parecía el paraíso, un parque de diversiones y un circo. De día el tráfico trancaba las calles, la bulla de los despelotes formados por los vendedores callejeros enardecía a los más sensibles, la gente comprando se arremolinaba de una tienda a otra . Pero en de noche era otro cuento. Policías haciendo negocios turbios, indigentes deambulando, pandillas, grupos bebiendo licor y con música estridente saliendo de sus vehículos.

Estaban luchando por descifrar ese “nuevo mundo” al que habían llegado. Adaptarse y sobrevivir, pero no imaginaron a lo que se enfrentarían.

Notaron que era casi imposible encontrar basureros como los del pueblo, de modo que no les quedaba otra opción que apelar a la generosidad de las personas, las cuales parecían tener tanto que sería como pedirle un pelo a un mono.

—Yo ya he tenido pedir, y sabe mal calarse la cara de indiferencia de las personas. Pero el hambre te lleva a perder la vergüenza y a matar el orgullo. A veces en la basura no encontraba ni una fruta podrida —manifestó con enojo Greñas, tenía la vista perdida en aquellos recuerdos.

—Yo también llegué a pedir —intervino Juancho—. En la terminal de autobuses del pueblo. Allí conocí a tres muchachos que eran más grandes que yo; me querían enseñar a robar, pero siempre he sido miedoso para todo, y me les perdí —dijo Juacho dando un chasquido con los dedos y haciendo un gesto de indignación.

—Robar es malo ¿Verdad Greñas?

—Yo diría que sí, pero… —hizo una pausa y viró los ojos, al tiempo que ladeaba la cabeza— Creo que depende de quien robe a quien.

A Greñas no le faltaba tener más edad para estar convencida de que las personas con poder robaban sin que a eso se le llamase robo.

Una tarde conocieron al famoso payaso Ronald McDonald; su boca llamativa, su peluca roja y su par de singulares medias de rayas blancas y rojas, no fue lo que los cautivó —como a cualquier niño de la ciudad— sino lo que vieron allí: Familias felices.

Habían caminado todo el día, y necesitaban un pequeño descanso. Así que pararon. Juancho y Greñas se sentaron bajo los arbustos que adornaban la calle frente al establecimiento de McDonald. Pero Lucía se quedó de pie como congelada, mirando a los niños arrojarse a través de los toboganes de vibrantes colores. La pequeña sonreía dejando correr su espíritu hasta adentro para que saltase y se divirtiese sin parar. Su imaginación era infinita. Greñas y Juancho vieron a Lucía absorta y fue cuando examinaron con detén aquel lugar. Los vehículos se estacionaban y de ellos bajaban papá, mamá y los niños. Una familia tras otra. Una no menos feliz que la anterior. Eso percibían los dos. En ese momento a Juancho se le atravesó la letanía de sus desdichas: «¿Por qué me tuvo que tocar a mí una familia defectuosa?»… Y a su lado estaba Greñas, distante, sumida en la añoranza del hogar cálido que un día tuvo. Recordó que cuando tenía cinco años de edad, era frecuente que su madre y su padre la llevaran al parque o a la heladería. Caminaban los tres agarrados de las manos, ella en el centro, feliz, segura, con la sensación de compañía y querencia que ya jamás había vuelto a sentir.

Tal vez era buena idea marcharse pronto de allí… antes que el payaso Ronald McDonald les sacara lágrimas en lugar de sonrisas.


Capítulos anteriores:

Jhoanna Bolriv (Janna Bolriv) Ver todo

Escritora de día y lectora beta de noche. Adicta a la construcción de personajes engullidos por deseos aciagos. Amante de los thrillers, las novelas del género negro, policíaco, de misterio, terror y aventuras. No puede vivir sin el placer del chocolate y del queso. Cinéfila y manitas.

4 comentarios sobre “Sonrisas Lejanas. Capítulo 3: Un nuevo mundo Deja un comentario

  1. Hola.
    Cómo estás, Janna.

    Veo nítido, a estos niños, deambulando por el mundo, en busca de su sobrevivencia.

    Una gran historia.
    Me gustó seguirla.

    Que tengas un gran día.

    Gusto de conocerte.

    ***

    Me gusta

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