«Un Rostro en la Multitud» – King Stephen

Un Rostro en la Multitud fue publicado originalmente como libro electrónico en el año 2012, y tuvo la colaboración de Stewart O’Nan, con quien Stephen King ya había escrito una historia de no ficción en el 2002 llamada, Faithful.

La historia comienza con un buen gancho; a todos nos gusta el beisbol y a todos nos mueve las fibras sentimentales pensar en un hombre que ha quedado viudo llegando a los 60 años, teniendo a su único hijo casado y lejos de casa. Es decir, sólo. Mientras la historia avanza, vamos recibiendo una buena dosis de la penosa y deprimente circunstancia en la que vive Evers, el personaje protagonista de la historia.

Ahora se preparaba él la cena. Se había hartado de comer solo en restaurantes y de gastarse el dinero en comida para llevar. Todavía estaba aprendiendo lo básico. Sabía hervir pasta, hacer un filete a la plancha y cortar un pimiento rojo para completar una ensalada de bolsa. No tenía ninguna gracia y, a menudo, el resultado lo desmoralizaba; no disfrutaba con aquello. Esa noche le tocaba una chuleta de cerdo adobada que había comprado en un supermercado Publix. Bastaba con ponerla en una sartén caliente, pero Evers nunca sabía cuándo la carne estaba hecha.

(Alerta de spoilers).

Resulta que Ever se había aficionado al béisbol después de la súbita muerte de su esposa Ellie, no tenía contacto con más familiares, ni amigos, ni ex compañeros de trabajo, con nadie, sólo él y la TV. Un día viendo el partido observó en las gradas del público un rostro conocido que para su desagradable sorpresa, era un hombre que había muerto muchos años antes.

El suspenso se va sintiendo de menos a más. Y vemos como Stephen salta al pasado frecuentemente, ralentizando la historia y dándonos más intriga. Evers vuelve a ver en la transmisión de otros 2 partidos a dos muertos más, los cuales incluso lo saludan en vivo durante la transmisión del juego.

La tensión máxima de la historia llega en la escena en que Ellie, la esposa muerta de Evers, aparece en el público y le hace una llamada desde su celular.

Plano corto de Moore. Estaba sudando, incluso en los veintidós grados constantes que había en el Tropicana. Se preparó para servir, la imagen cambió a la meta base y allí, en la tercera fila, estaba la difunta esposa de Evers con la misma equipación blanca de tenis que llevaba el día en que sufrió la primera apoplejía. Habría reconocido esos ribetes azules en cualquier parte.

Al llegar a este punto de la historia aún no tenía una buena teoría del porque le ocurría esto a Evers jejeje confieso que Stephen me mantuvo en bastante intrigada casi hasta el final. De aquí en adelante hay varios toques de comedia trágica en la que me reí con las ocurrencias de los personajes (Evers, Ellie y Kaz).

Las descripciones que utiliza King para ambientar toda la historia me parecieron muy acertados, cada objeto mencionado era necesario. No me parece que nada sobrara en ningún momento. Se pueden imaginar todas las escenas con claridad, hasta el momento en que Evers ve su propio cadáver frío y babeado.

En la pantalla gigante se veía, impactante por su familiaridad hogareña, el dormitorio de Evers en penumbra. En el centro de la cama que había compartido con Ellie, un colchón de matrimonio con doble acolchado demasiado grande para él solo, yacía Evers inmóvil y pálido, con los párpados entrecerrados, los labios amoratados y la boca en un rictus tenso. La baba seca del mentón parecía una telaraña antigua.

Hay varias reflexiones a las que nos lleva Stephen en esta historia. Por ejemplo la importancia de decir la verdad aunque parezca dolorosa. La importancia de enfocarnos más en dar amor a nuestros seres queridos que solo dinero y cosas materiales. Debo decir que lo que más me gustó es la idea original de que todos al morir vamos a un estadio a disfrutar de un eterno partido de béisbol .. Me parece muy divertido.

Un saludo enorme, nos vemos en el siguiente libro seleccionado.

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