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Entrevista a Alejandro Rabelo García: “La historia necesita juego”


Hoy es un día especial porque inauguraremos la sección de entrevistas en la que daré la oportunidad a los escritores de hablar de cómo viven la escritura y el proceso creativo. En ésta ocasión me he trasladado virtualmente a México para entrevistar a Alejandro Rabelo García, escritor y periodista, nacido en Villahermosa (1982). En el 2002 la UJAT le otorgó el Premio Universitario de Ensayo sobre Benito Juárez, en 2010 recibió el Premio de Cuento de la Feria Universitaria del Libro, y ese mismo año fue nominado al Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Además es el autor de dos libros: Grimorio de los amores imposibles (2017) y La invención del otoño (2018). Con esta breve presentación comenzamos.

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Libro de relatos ‘Grimorio de los amores imposibles’ de Alejandro Rabelo García.

Hola Alejandro es un gusto contar con tu participación en mi nueva sección del Blog. En primer lugar una pregunta obligada ¿Cuándo empezaste a escribir?

Hola Janna. Agradecido y honrado yo por el honor de inaugurar este nuevo espacio en tu muy leído Blog.

Mi primer relato está fechado –y es uno de los muchos pequeños trucos que un@ autor@ debe mantener para contemplar su propio desarrollo creativo- el 7 de julio de 1997. Es decir, a los 15 años, y seguí casi ininterrumpidamente hasta los 19, cuando comencé a espaciar y a planificar.

Cuento resultó el género que más me atrajo porque mi escritor favorito es Édgar Allan Poe y su Narraciones extraordinarias fue el primer libro de mi biblioteca personal. También, lo admito, por sus posibilidades iniciáticas: Es un primer paso natural antes de otros desafíos literarios para cualquiera.

Al mismo tiempo, con mayor conocimiento técnico, escribía poesía, muchísima, pero que en retrospectiva significan más ejercicios para mejorar que textos publicables. Alguna vez leí que era la poesía ese mismo primer paso natural en la literatura.

Has experimentados con varios géneros en el ámbito de la escritura creativa: cuento, guiones para TV y cine, piezas teatrales y poesía, pero ¿qué disfrutas más? Háblanos de esos caminos narrativos por los que te mueves.

Los guiones televisivos y un par de cinematográficos formaron parte de trabajos universitarios y profesionales; excepto el último (Que publiqué como Basado en un guión original en mi primer volumen), consistieron en adaptaciones de argumentos o colaboraciones para documentales. También escribí dos piezas teatrales, de nuevo, dentro de las tareas universitarias

Representan para mí experiencias tremendamente creativas por cuanto la dramaturgia y la prosa se combinan con el lenguaje de los medios audiovisuales; y se retroalimentan, a veces discrepando, a veces embonando, de tal manera que uno, como escritor, recibe auténticos saltos cualitativos.

Idéntica aventura cuando uno emprende, en palabras del mismo Fernando Benítez, la “literatura bajo presión”: El periodismo. En particular, porque fue el oficio que me brindó una de mis mejores satisfacciones profesionales y literarias. Te ves sometido a técnicas de redacción, a estructuras de prosa que, no negando el empleo de la retórica y la expresividad, te obligan a renovarte, a sorprender –y sorprenderte- cotidianamente. Se entiende por qué el periodismo literario, o Nuevo Periodismo Latinoamericano, permanece como una veta inagotable y más en un mundo globalizado por la información. O como nuestros Blog’s, por ejemplo.

Por lo demás, debido a la labor en equipo que implica producir una película, una obra de teatro o un medio de comunicación, los textos quedan expuestos a todo tipo de juicios que por lo general nutren el ensueño incluso conllevando su dosis necesaria de reprobación: Imagínate lo enriquecedor que son los enfoques de lector@s, de actores y actrices, de director@s de escena, de inversionistas, de editor@s en jefe, de profesor@s, de jurados…

Sostengo, sin embargo, que al lápiz de l@s creador@s se le saca punta con la navaja de la crítica. Ésa es otra ventaja: Te galvaniza el ego saber que no todo lo que escribes es tan perfecto como crees y al mismo tiempo tomar conciencia de que sí puede ser perfectible.

Claro, disfruto lo más literario: Los relatos, alguna que otra poesía inevitable, la novela que actualmente escribo. No sólo por las herramientas que ya dispongo, sino porque la gozo palabra por palabra, me tomo mi tiempo, puedo hacerlo no sólo en la computadora confinado a plazos de entrega: Cualquier servilleta una tarde lluviosa pasa al archivo de borradores.

Algunos escritores famosos tenían manías a la hora de escribir; Charles Dickens necesitaba un jarrón de flores frescas en su lugar de trabajo, Virginia Wolf escribía de pie y Alejandro Dumas siempre debía ir vestido con una sotana roja y sandalias. ¿Tú que manías tienes?

Quitarme la mayor cantidad posible de ropa (Villahermosa es una ciudad calurosa donde las haya), y definitivamente escuchar música. Para construir los borradores de mis novelas antes elaboré mis playlists, cada una simbolizando un personaje o un pasaje o una evocación completa.

Puede ser que se trate de una manía cinematográfica (Director@s y editor@s trabajamos así con sonidistas y compositor@s, y viceversa), pero la verdad es que de adolescente, por ponerte un caso, si escuchaba una canción, independientemente de la letra y la melodía, aquello que me despertaba se traducía en un texto, en verso o en prosa.

Hoy día, por estructura o por asociación, cuando deseo imprimir tal o cual estilo y/o tono a tal o cual episodio, voy a la canción que me pondrá en el mood adecuado. Naturalmente, de vez en cuando, escribo bajo la pura música del garrapateo de mi mano sobre el papel, o permito que un acorde me conduzca por otros laberintos imprevisibles.

Te graduaste en Comunicación, en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, ¿crees que para dedicarse al mundo de la escritura hay que estudiar una carrera de letras o de periodismo? ¿Es obligatorio o si no tiene nada que ver con el éxito de un escritor?

Me parece que es una percepción contemporánea demasiado generalizada en la medida que se fortalecieron dos fenómenos: La industria cultural, con su valuación comercial de las obras; y la especialización laboral, que supuso preferir a las personas que se enfocaron en ciertas disciplinas desde su educación.

Existen casos asimismo contemporáneos de que no forzosamente es así: Octavio Paz estudió Derecho en la UNAM, jamás se graduó y se dedicó por décadas al servicio diplomático; se inició en la poesía, pero su corpus más (Re) conocido e interesante es el ensayo y su legado dentro del periodismo cultural con las revistas Plural y Vuelta, ambas premiadas internacionalmente.

Cuando cada uno publica sus obras maestras, Juan Rulfo era vendedor y burócrata; Fernando del Paso, publicista y guionista de radio; José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska, columnistas culturales; Rosario Castellanos y Sergio Pitol, profesores universitarios; Jaime Sabines, diputado local. Me he quedado voluntariamente en el universo mexicano, que es complicadísimo para l@s escritores, en primer lugar, por razones de centralismo.

Ahora bien, pienso que ambos fenómenos a los que me refiero son distintos de la calidad o del éxito, que no siendo mutuamente excluyentes, tampoco guardan relación causa-efecto. Todos los casos anteriores y más actuales tuvieron que pasar por la formación literaria o al menos de la redacción creativa: Si al fin y al cabo eres lo que escribes, entre mayor sea la amplitud de tu conocimiento y la dotación de tu talento, producirás obras leíbles. Y, no obstante, much@s magnífic@s autor@s de gran éxito, de inusitada brillantez y originalidad, nunca pasaron por las aulas literarias: Roberto Bolaño es la muestra más reciente y más atrevida de un escritor que abandona el mundo, literalmente, en pos de su vocación pura.

En mi opinión, la calidad como fruto del esfuerzo individual se acaba imponiendo, pero el azar y los mecanismos editoriales influyen enormemente.

Hay dos tipos de escritores, los de brújula y los de mapa ¿En cuál te ubicas tú?

Hasta 2004 –cuando renuncio a escribir poesía- era muy brújula. Tenía una sola estructura tallada en piedra por donde escribir y corregir y se nota en esos relatos aun con las revisiones posteriores. Mi primer intento de novela sigue plagada de fragmentos que, sabiendo más o menos donde se colocarán, no las termino de cuadrar porque se insertan en un contexto muy específico del espacio-tiempo de la novela, un archipiélago de islas sustanciosas entre las que no tiendo el puente correcto. Y así me va.

Luego fui muy mapa: La escaleta, los playlists, los diálogos planteados, desarrollados y tachoneados, el cronograma para mi Blog: Piezas de rompecabezas previamente armados que me ayudaron, me motivaron por lo progresivo del resultado, ves cada paso literario concreto y avanzado, como en la saga El Deshielo y los relatos mundialistas, publicados en mi Blog.

Ahora, procuro mezclar lo mejor de ambos métodos –y no por sentirme arrogante, soy más de mapa-: Mientras el plan de El Deshielo se modeló bajo la carpintería más detallada que respetó el estilo, Otro gabinete es puro jazz: Improvisaba dentro de lo previsto en la escena o en el cronograma. Tuve que proceder de ese modo porque corría el riesgo de marchitar la espontaneidad, la originalidad, y prefería no predecirme a mí mismo. Me funciona con mis relatos más nuevos y con mi segundo intento de novela.

Mi consejo proseguiría por esa línea: L@s mejores –de cualquier expresión artística- construyen con mapa, hoja de ruta crítica o el formato que deseen, pero algo que ya es tu obra o el esqueleto de tu obra; y al que sólo basta vestirlo de tu toque personal. Picasso respondió en una entrevista: “La inspiración llega, pero te tiene que encontrar trabajando”.

Cuando escribes una historia ¿cuál es el proceso de creación que llevas a cabo? ¿Qué consideras es lo que necesita tener una historia para que atrape al lector?

Me atrevo a responder tus dos preguntas puntualmente e inicio por la segunda: La historia necesita juego, cualquiera que sea el elemento en que lo radiques.

Un escritor amigo mío me bromea respecto a que lo que más admira de mis textos es que “la narración fluye”. Stieg Larssen afirma, en voz de su trasunto Mikael Bloomkvist: “Cuando escribo, siempre procuro interesar a mis lectores”. ¿Cómo? Supongo que al ser periodistas todos los mencionados –más Gabo, otro alambicado ejemplo-, nuestro truco estriba en la técnica, que debe informar y entretener al mismo tiempo y de manera sucinta, contundente y fluida.

Éste es nuestro juego: Ir colocando la información de manera estratégica para que, literalmente, te enteres de todo y te movilices en consecuencia (El efecto directo del periodismo es la acción), sea tu mente o tu cuerpo.

Para otr@s escritor@s, el juego quizá consista en el misterio de los personajes (Vargas Llosa subrayó la virtud de Larssen justamente en cómo los creó), en la “realidad” del universo de ficción que se presenta, en el contraste entre humor y seriedad o –uno de mis recursos favoritos- entre tensión y resolución.

Porque, seamos honestos, al final ya sabemos que existen diversos tipos estructuras narrativas, pero todas, desde el punto de vista del lector, iniciarán en la página 1 y concluirán en la última, versarán sobre un conflicto, serán poblados por actores de determinado tipo y dispondrán de estados de cosas que representen el inicio (La detonación) y el final (El cambio).

A mi parecer, dentro de ese molde, debe acomodarse el juego en cualquiera de sus empaques. Recomendación máxima: Metaficción.

Mi proceso creativo se detona con una idea literaria que se transforma potencialmente en un juego. Por muy original que me pueda parecer al principio (Digamos, una historia de venganza), si ese elemento de juego no aparece, no cuaja, desecho la idea por completo. Puede ser que, con los días o las semanas o los años, embone con otro elemento –La estructura, el diálogo, los personajes, el contexto- que le dé el empujón final, pero sin traducirse en juego, se truncará sin remedio.

Cuando cuaja, me enfoco sobre todo en la estructura del juego, en sus reglas implícitas, en los roles que cada participante tomará, cuál es el objetivo y “quién gana”. Tal cual, trátese de un romance, del caso resuelto por un detective, de ciencia-ficción: Eventualmente, las reglas formarán la trama y los roles aportarán las frases, actitudes e interacciones que delinearán a los personajes. Aquí se traza el mapa.

Dependerá de la complejidad y el efecto deseados qué tan detallado será, pero del mapa al texto sólo basta, como decimos en México, nomás talacha.

Tuviste la dicha de ganar el Primer Concurso Nacional de Ficción Playboy, ¿qué aconsejas a los escritores que desean aventurarse en la participación de este tipo de certámenes?

Primero, animarse. Para el caso mexicano, se ha documentado ampliamente el tráfico detrás de diversos certámenes literarios y máxime con dinero de por medio. En ocasiones, excepcionalmente, aquellos convocados por medios de comunicación suelen ser más o menos éticos. Es parte de conocer los riesgos. Pero en cualquier caso, la fortuna ayuda a l@s audaces y hay que arriesgarse.

Segundo, y reitero: La calidad. Mi relato se impuso a centenares otros de todo el país, incluyendo la capital, Ciudad de México, donde la vida cultural experimenta mayor dinamismo y donde radica también la revista. Eso significa que hubo aspectos que el jurado supo distinguir dentro de sus criterios y sería muy ingenuo descartar el comercial, es decir, que fuese del agrado del público lector de Playboy México.

Ello, en tercer lugar, me remite a la respuesta anterior:

Trabajar la capacidad de “atrapar”, yo diría seducir, a quien te lee.

Esos aspectos distinguibles son múltiples: La anécdota, la vuelta de tuerca final, el personaje principal, en fin. Cualesquiera que sean –y tampoco ignorando el azar y el gusto personal del jurado-, se deben mezclar en justa medida las destrezas técnicas y la perspectiva de la audiencia: Si no fuera mi relato, ¿En verdad me gustaría? ¿Avanza o confunde, logra el efecto o se muere?

Por último, pasión y automotivación. La creación literaria, al menos en Villahermosa, es carrera de resistencia, en muchos sentidos. Ante todo, con el proceso creativo. Pasaron 11 años entre mi primer relato y ganar el Concurso de Playboy. Hoy integra mi primer volumen de relatos y es de los favoritos de mis lector@s. Y continúo fallando y corrigiendo y siendo obviado por otros certámenes, pero también escribiendo y publicando y recibiendo reconocimientos.

Tienes dos libros de relatos publicados, de los que al iniciar la entrevista he dejado los enlaces para aquellos que deseen comprarlos en Amazon. ¿Se te hizo difícil publicar? Háblanos de tu experiencia publicando.

En México se complica publicar por dos razones: Crisis comercial, que no sólo encareció el costo de los insumos sino contrajo el número de l@s consumidor@s; y las apuestas editoriales seguras, como colecciones ya publicadas, ya probadas. Estrechadas así las posibilidades para nuev@s autor@s, de nuevo, quedan las relaciones públicas o el centralismo, que consiste en la ventaja de vivir en la misma localidad donde laboran todas las editoriales importantes del país, la Ciudad de México. No hubo, grande o pequeñ@, que no tuviera que migrar para darse a conocer.

Misma dinámica, aunque con cierto grado de corrupción, se da en Villahermosa y su provincia, Tabasco: Como el Estado (Gobierno estatal, los municipales, el Congreso, etc.) sigue siendo el Gran Editor y van de por medio dinero de derechos y programas de becas, se estableció una “mafia cultural” que, a través del amiguismo y la componenda, monopolizó todas las opciones.

¿Qué me quedó? La autopublicación en Amazon, donde se deben atender cuidadosamente los lineamientos de edición (Que no implican censura), revisar la calidad de la obra –desde la ortografía hasta la tipografía a emplear- y, por supuesto, elaborar la propuesta de diseño y emprender la difusión, entre ellos y aprovecho para agradecer los enlaces, entrevistas como ésta que me realizas, Janna.

Por mis conocimientos previos en edición, se me facilitó bastante, pero recomiendo a quienes no que buscan capacitarse en todos los requerimientos del tema, ya descritos; o, al menos, el apoyo de una persona competente. Aunque la plataforma es amigable e intuitiva, dependerá totalmente de cada autor@ el producto que se verá en los aparadores virtuales.

Y a nivel negocio, es relativamente rentable en la medida que cada mercado, lo que es decir cada idioma y/o país, se trabaje gracias a las redes sociales, el contenido en medios de comunicación “análogos” y digitales, participación en círculos literarios, exposición ante editoriales convencionales, etc.

Para terminar, ¿qué consejo darías a aquellos escritores que se están iniciando en la escritura?

Resistir, persistir, insistir y jamás desistir.

Llámese leer buenos libros, clásicos o recientes, antología de poemas o ensayo, ficción o no ficción, nacionales o extranjeros, y aun los medios de comunicación y acerca de otras artes, como la arquitectura, el cine o la música.

Llámese ganar dinero profesionalmente en otras actividades, bien alternándolo con la literatura, o bien hasta que ésta se vuelva el trabajo de planta; ganar dinero para seguir invirtiéndolo en la carrera literaria, sin malas poses ni falsas modestias.

Llámese escribir, redactar, pulir, borronear, eliminar, consultar manuales de escritura creativa, y reescribir, siempre releer y reescribir lo propio hasta soltarlo.

Llámese compartir, difundir, hacer circular, someter a la crítica mutuamente, iniciar un Blog, participar colectivamente en iniciativas culturales –en sus dimensiones sociales y políticas- y publicar, animarse todo el tiempo a publicar.

Pero sobre todo, llámese asumir el reto de ser llamado, por derecho propio, escritor@.

Muchísimas gracias por compartir este tiempo conmigo y mis lectores, Alejandro. A los que quieran seguir de cerca a este maravilloso autor lo pueden encontrar en su web ContradicciónES y en su cuenta de Twitter Acrofobos. Me despido y hasta la próxima entrevista.

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Escritor y periodista Alejandro Rabelo García.

 

Jhoanna Bolriv (Janna Bolriv) Ver todo

Escritora de día y lectora beta de noche. Adicta a la construcción de personajes engullidos por deseos aciagos. Amante de los thrillers, las novelas del género negro, policíaco, de misterio, terror y aventuras. No puede vivir sin el placer del chocolate y del queso. Cinéfila y manitas.

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