Cuento: La mujer vietnamita y los campos de sal

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Chi colocó un plato de sopa humeante sobre la mesa. El aroma mentolado subió danzando hasta la nariz de su hijo de siete años quien, risueño, miraba los suculentos fideos flotando en el caldo junto a los trozos de albahaca y cilantro.

Luego de rebuscar con la cuchara en el plato preguntó: «¿Mamá, y la carne?».

Numerosas arrugas rodearon los labios y los ojos de Chi, que se detuvo pensativa frente a la ventana. Una recia e inusual lluvia azotaba su poblado en pleno junio, y a inicios de año un ciclón había golpeado casi todo Vietnam.

Recordó vívidamente la última vez que ella y las otras trabajadoras de los campos de sal, con el sol naciente detrás y ataviadas con sus sombreros cónicos, guantes y mascarillas, descargaban los cristales salinos de las cestas de bambú que llevaban a cuestas para formar una espectacular montaña blanca de horas y horas de extenuante trabajo; su ocupación de toda la vida, de la que obtenían un salario para alimentar a sus hijos y que ahora, el cambio climático ponía en peligro.

Janna Bolriv.

Septiembre, 2019.

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